Ponte Scaligero

Ponte Scaligero

Ponte Scaligero. (Abre el mapa)

Descripción

El Puente Scaligero, o puente de Castelvecchio, es un puente fortificado de ladrillo rojo y piedra que cruza el Adigio en Verona, junto al castillo del que toma el nombre. Con más de 120 metros de largo, solo se cruza a pie.

No es un puente como los demás: forma parte de la fortaleza. Lo defienden por ambos lados almenas en cola de milano, con adarves y aspilleras, y hacia la ciudad lo protege el imponente torreón del castillo. Al otro lado había una torre, que los franceses derribaron en el siglo XIX.

Lo que mejor merece la pena mirar es el arco mayor, de casi 49 metros de luz, con otros dos más pequeños a los lados, de 29 y 24 metros. Para algunos estudiosos, cuando se construyó era el más ancho de Europa. Los tres arcos son distintos porque se pensaron para las corrientes del Adigio en esta curva del río.

Al mirar los dos grandes pilares, de base pentagonal y orientados río arriba como la proa de un barco, se entiende lo robusto que era. El mayor estaba adornado con quince capiteles corintios y fragmentos de relieves romanos, reutilizados como material de construcción.

Su historia empieza con un miedo. Cangrande II della Scala lo hizo construir entre 1354 y 1356 para asegurar a su castillo una vía de escape hacia el Tirol, por si una de las facciones enemigas de la ciudad se rebelaba.

Por eso, durante siglos solo pasaron por él los soldados. Los veroneses pudieron cruzarlo solo hacia finales del siglo XIX, cuando Verona entró en el Reino de Italia y las servidumbres militares empezaron a caer.

Luego llegó el 24 de abril de 1945: los alemanes en retirada hicieron volar todos los puentes de la ciudad. Parte de las pilas había resistido, y Verona decidió reconstruirlo tal como era, sin levantar uno nuevo.

Las obras duraron hasta 1951. Se limpió el lecho del Adigio de escombros y los bloques hallados intactos volvieron a su sitio, gracias a las fotografías y a los levantamientos hechos poco antes de la destrucción.

Las piedras dañadas se sustituyeron por piedra de la misma cantera medieval, en San Giorgio di Valpolicella. Los ladrillos nuevos procedieron de derribos y hornos de Verona y Mantua.

En una cosa las fuentes se muestran cautas: no se conoce el nombre del proyectista. Un documento de 1495 menciona a un tal Guglielmo Bevilacqua, protagonista de una leyenda: Cangrande II le habría regalado una espada que se creía de san Martín.